Siempre que llueve, el mundo se llena de un humor mágico, capaz de hacer más intensas las emociones. Ya sean de alegría, haciéndonos querer salir y jugar en los charcos y celebrar con la lluvia la sonrisa que llevamos dentro. O ya sean de tristeza, haciéndonos compañía a través de la ventana, causando que llueva tan fuerte adentro como afuera.
Supongo que el agua tiene ese poder mágico, que hace que las emociones fluyan, asi como ella lo hace en los riachuelos que se forman en las calles. Tiene la cualidad de oxidar la más fuerte de las armaduras, y de alimentar y dar vida a la más tenue de las sonrisas.
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