lunes, 8 de noviembre de 2010

El transporte "masivo"

Más bien transporte abusivo que por ser agresivo lo pone a uno subversivo.

No en serio, el transporte masivo en Bogotá tiene la particular cualidad de tirársele a uno el día. Uno puede ir feliz y campante, saltando de charco en charco, sonriéndole a la vida, silbando y cantando hasta que se encuentra con la dura realidad que hay que coger bus o transmilenio.

Es como entrar en un universo paralelo en el cual el espacio inmediato personal no tiene validez. Es un micro-ecosistema de seres que conviven en un espacio cuyo equilibrio se ve regido por un único factor en común, querer llegar a donde van. En ninguna otra circunstancia de la vida del ser humano (salvo en las rumbas de Andres Carne de Res), es aceptable el estar tan cerca a otro desconocido hasta el punto de saber a que huele. Es el único espacio en el que tocarse las manos por un instante no genera pena ni angustia, puesto que sucede cuando se apresura en medio de la densidad casi ceméntica de la gente para llegar a la salida de atrás, o de adelante, da igual. Es el único espacio en el que, literalmente, echar puño y pata para salir adelante no es juzgado y castigado. Es el único espacio, en el que hacer maromas para mantener el equilibro en público no genera pena sino simpatía por la gente, en cualquier otra situación el personaje es tildado de loco, degenerado, drogadicto y hasta sociópata.

Claro que, viéndolo desde otro ángulo, pues si resulta bastante barato estar sometido a semejante experiencia de vida, a semejante cambio en la visión del mundo, por menos de 2 mil devaluados pesos colombianos. Que saquemos a los extranjeros en chiva? Para que! Móntelos en una buseta, fijo fijo tiene música altisonante, rimbombante y parrandera a todo volumen, en cuanto al consumo de alcohol, no se preocupe, que policia en sus cabales se va a meter a requisar una buseta en cuyo interior se encuentran 50 personas? ávidas de destino, incómodas y de mal genio. Que no se puede bailar? Bueno, siendo justos, en las chivas tampoco, y eso que ustedes llaman bailar no es bailar si lo han hecho en una chiva, es mantener el equilibrio al son de Diomedes Diaz o Juan Luis Guerra o, en el peor de los casos Daddy Yankee o Wisin y Yandel (que cómo me sé los nombres? aaaah yo también tuve 20 años). Y las busetas tienen un plus, que es el factor sorpresa! Aceleran y desacerelan, cogen huecos a 80km/h, esquivan, suben, bajan, en fin, hacen de todo en fracciones de segundo; mejor dicho, son la montaña rusa criolla. Súmele a eso la densidad de población de Manhattan y listo, un coctel que fijo mantiene entretenido a un extranjero durante horas, literalmente, porque con los trancones de Bogota, son horas.

En fin, buses, busetas, transmilenio, todos son un escape, un poco doloroso eso si, de la oficina, de la casa, de la universidad. Así que aprendan a sonreirle al transporte abusivo de Bogotá, es el único que tenemos (y que tendremos por un buen tiempo), y mal que bien, si que es masivo.

viernes, 5 de noviembre de 2010

Aún no se por que pasa pero pasa,
pasa que se piensa en exceso,
pasa que los recuerdos vuelven de cuando en vez,
pasa que la memoria me traiciona.

Aún no se cómo jugar,
me paro firme y otras veces débil,
me siento impenetrable y otras veces desnudo
me siento confundido y claro a la vez.

Oscuridad y luz
Tranquilidad y caos.