Hay días que en definitiva uno se levanta de malas pulgas. Ya sea por el trabajo, porque no durmió bien, por la relación en la que estas o porque tienes guayabo. En mi caso, debo admitirlo, suelo levantarme de malas pulgas porque si.
Si yo se, suena a que estoy loco, soy un orate suelto y necesito atención psiquiátrica inmediatamente, pero, y a falta de una expresión en español que me sirva igual, bear with me o hear me out.
Hay días en que bajar al mundo desde la cama es una locura, hay días en los que simplemente la cabeza no me da, el cuerpo no me funciona y el corazón, francamente, amaneció arrugado y negro. Y es que hay días en los que la vida, por aburrida, exitante, monótona, multicolor o monocromática que sea, le sabe a uno a mierda. No queremos aguantarnos ni el buenos días de la mamá, pareja, hermano o hermana.
Como es de esperarse, en esos días todo el mundo se levanta particularmente amable y carismático, demuestran un particular interés en tu bienestar y en tu vida. No pueden creer el regalo que eres al mundo y hasta se ríen con tu ceño fruncido. Es todo un contraste con tu mente que no para de maldecir a cuanta molécula se te cruza porque, y para más piedra, estás que te orinas y con cada saludo se te demora más y más la llegada al baño.
Claro está que uno se pregunta el por qué estas de malas pulgas, el por qué sientes la necesidad de degollar a tu mascota cuando solo te está batiendo la cola y el por qué hasta peleas con el salero cuando sale demasiada sal, siendo que tu mismo fuiste quien le dió el empuje. Pero por más cuestionamientos trascendentales y preguntas profundas que te hagas buscándole razones a tu miseria indomable, siempre llegas (o he llegado yo) a la conclusión que en este particular día, mi vida, me sabe a mierda.
Obvio, hay factores que influyen a que la vida le sepa a uno a mierda y no, no estoy hablando del trabajo de mierda, o que me peleé con mi novia o que mi gato se fue de la casa y no ha vuelto y estoy cansado de extrañarlo, todo eso simplemente son aderezos deliciosos que la vida le pone a uno a lo que ya de por si, es una mierda. Pero entonces no falta la persona que dice "¡Pero si la vida es bella! ¡NO TE DEJES APABULLAR!" Si si, estoy de acuerdo, pero en este particular día, cualquier argumento de ese calibre, solo hace que uno vea rojo y quiera ver sangre derramar.
Pero volviendo al helado de mierda sin aderezos. Ninguno de esos factores son las cosas que realmente comprenden la vida, son cosas accesorias a ellas, unos accesorios más bonitos y útiles que otros, pero lo que en verdad comprende la vida, es lo que va en nuestra cabeza...y en nuestro corazon (aaaay tan boniiito....pshh...no en ese sentido). Somos el resultado de lo que pensamos y sentimos, somos el resultado de nuestros anhelos, sueños y deseos, y creo que mientras más uno crece y madura, más se da cuenta que esos sueños, por más bonitos que los pongamos, realmente no son tan buenos o bonitos como nos los imaginábamos y que, una vez uno está en curso de obtenerlos, pues realmente como que el camino apesta, el tiempo no alcanza, el dinero es muy poco y la gente cada vez tiene menos de gente y más de computador.
Entonces, creo yo, que en esos días en los que uno se levanta de malas pulgas porque si, es porque la mente, el conductor de la vida, le está diciendo, venga, esto no sirve, estoy mamado y necesito vacaciones. Pero entonces uno recurre a la salida más estúpidamente obvia que se le puede ocurrir a cualquier persona. "Me voy a ir de paseo!" o "Voy a comprar ropa!" o "Necesito un hobbie! Haré origami! o (y este es mi favorito) "Marica, que hace? Nada? Ah bueno, venga lo invito a que nos tomemos algo que estoy como estresado!"
El que diga que no ha hecho alguna, si no todas, de estas cosas, es un farsante y merece que se le riegue la leche del café. Inclusive, los más atrevidos toman cursos de cocina, se lanzan de un paracaídas o terminan con su relación sentimental, como si eso hiciera ctrl + alt + supr o manzanita + cochorni + algo (para los que tienen mac). El punto al que quiero llegar, es que es en esos días, en los que uno siente un profundo odio sobre la vida en este planeta, es en los que se debería hacer algún tipo de catársis y, una de dos, mandar todo para la mierda, y cuando digo todo es todo, o dejar el berrinche y conformarse con la vida que lleva y dejar de atormentarse y de hacer sentir miserables hasta las moscas que se le cruzan. Después de dicha catársis, afrontar la situación, planear y seguir adelante.
Claro está. esa catársis es como un sueño, otro sueño, como cualquier sueño, que se puede volver una farsa. Y volver a repetir el círculo. Pero por lo menos se habrá hecho algo con pasión, y no simplemente porque es el camino a seguir.
Creo que ya se me acabó la lora, así que volveré....creo.....supongo....más a menudo.