El niño y su balón corrieron con lágrimas en los ojos hacia su papá que lo esperaba impacientemente al lado de la cancha. "Hice gol papá, hice gol!!!" gritó el niño con desmesurada emoción. Su padre lo alzo en sus brazos y lo sentó en sus hombros lleno de orgullo. Fueron caminando hacia la cafeteria de la esquina del parque, compraron una paleta de limón, como regalo para la nueva estrella. Se montaron en el carro, aseguraron las puertas y puestó el cinturon, todo bajo control ;). Llegaron a la casa, "Hice gol mamá, hice gol!!!", fue lo primero que gritó cuando puso pie en su casa. Gritó y gritó y gritó, pero no hubo respuesta de su madre. Un poco decepcionado subió a su cuarto y prendió el televisor, la noticia de un choque de tren en una intersección de transito colmaba los canales. Mientras tanto su padre preparó un café para el, y un chocolate caliente para su hijo. "Sabes donde esta mi mamá, papi?" El no sabia, por la mañana su esposa habia salido a hacer compras para la casa y de ahi al trabajo. Ya siendo las cinco de la tarde, decidieron, padre e hijo, llamar al celular de madre y esposa para tener noticias de ella, puesto que la estaban esperando para cenar. No hubo respuesta, segundo intento, mismo resultado.
"Debe estar ocupada hijo" dijo el padre tratando de tranquilizar al pequeño que ya se notaba inquieto por la ausencia de su madre. Pasaron minutos y horas, y ella no daba señales de existencia. Poco a poco el nerviosismo se fue apoderando de los corazones de padre e hijo, y la angustia del hogar. Decidieron cenar juntos frente al televisor, la misma noticia que colmaba los canales por la tarde, los colmaba por la noche. Periodistas, policias y curiosos mirando gigantescas llamas que salían del cabezote principal del tren, y los pedazos de un automovil pulverizado por el poder de la máquina a vapor. Sin querer, ambos se quedaron atónitos, probablemente pensando lo mismo, pensando lo peor. Dos cuerpos cubiertos con dos sabanas manchadas de rojo yacían en el pavimento de la avenida, viveres regados por el piso y agendas, hojas y demás siendo recogidas por los cuerpos de auxilio.
En ese mismo instante, padre e hijo entraron en pánico, lagrimas corrían de sus ojos, los pulsos acelerados, y la respiración rápida. Salieron corriendo hacia la puerta la abrieron y salieron al jardín, en donde para su sorpresa, llegaba esposa y madre, quien con voz cariñosa y ojos brillantes los saludó, para proseguir a entrar a su casa.