Como muchas noches antes, se sentaron a hablar. Con el correr de los minutos, esa comodidad entre dos amigos se fue tornando en confidencialidad entre dos amantes. Roces inocentes de las manos, miradas que se cruzan por unos segundos que parecen eternidades, la respiración profunda de él tratando de robarse un poco de su escencia y el pulso acelerado de ella queriendo que él se la robe por esta noche. La tensa calma que reinaba el ambiente era disminuida por pequeños instantes por risas y carcajadas producto de la misma tensión sumada a la espectativa del momento y algun comentario tonto que produjo esa reacción en ambos.
Un dejá vu permanente, un escenario ya visto, un comportamiento ya analizado, todo llevaba a que pudieran predecir lo que estaba por suceder. Muchas noches habian estado juntos, muchas peliculas habian visto juntos, muchas cervezas habian compartido y muchas risas los habian hecho llorar. Esa confidencialidad de dos amantes, que lo habian sido, y que se vuelven a encontrar sin saber que todavía lo son, lleva al nerviosismo, al miedo, al querer huir, pero al mismo tiempo, al querer quedarse, por una vez más, por una ultima vez, por revivir un recuerdo, un olor, un sentimiento.
Un momento fugaz, en el que sus miradas se encontraron, abrio esa puerta al deseo no deseado, produjo esa chispa, la adecuada. Sus dedos recorriendo su cabello, los de ella recorriendo sus labios, las miradas que se cierran con llave la una a la otra, desesperadamente buscando una salida, pero sabiendo que no hay vuelta de hoja, puesto que caricia a caricia, segundo a segundo, todo vuelve, se abre de nuevo la caja de pandora y la mente vuela. Se cierran los ojos de la cabeza, y por primera vez en mucho tiempo se vuelven a abrir los del corazón.
Se permitieron ese placer culposo, se permitieron el sentirse el uno al otro, se permitieron caer cansados, se permitieron ese último abrazo, preludio al sueño; se permitieron sus mutuos despertares, se permitieron hablar como si nada hubiera pasado, pero como si todo hubiera pasado. Se permitieron ese último abrazo antes de partir. Lo que no saben es, si se permitieron recordarse, si se permitieron dejar abierta la caja de pandora o no.
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