Esa tarde lloviò muchisimo, el sol que en la mañana alumbraba timidamente la ciudad finalmente habìa sido opacado por las oscuras nubes bogotanas. Estaba pensando como no hace mucho, pero se siente que hace mucho, esas tardes lluviosas eran un incentivo mas para quedarse entre sus brazos. Sentado frente al computador, las palabras no fluian ni corrian con tal ferocidad como si lo hacian sus pensamientos. Recuerdos que recientemente habian vuelto a cobrar vida le llenaban la cabeza de imagenes y el corazòn de nostalgia. El golpeteo de las gotas en el patio afuera de su casa, a lo lejos la alarma de un carro cuyo dueño parecìa no existir. El olor del cemento mojado, el incesante mosaico de ondas en los charcos en la calle al frente de su casa. El trabajo se hizo pesado, prendiò un cigarrillo y mirò hacia afuera. Una que otra persona pasaba corriendo, huyèndole a la lluvia, que de mas en mas iba cobrando fuerza. "Hacia mucho no llovia" se dijo a si mismo. Habia diluviado, granizado y lloviznado, pero hacia rato que no simplemente llovia. Empezò a hacer mas y mas frio, decidiò subir a su habitaciòn, hasta el tercer piso para ponerse un saco. Saliò del estudio, cruzò la cocina y la sala, empezò a subir las escaleras del primer piso para dar al segundo, catorce escalones por piso, catorce mas por subir para llegar a su habitaciòn. A la izquierda, en el segundo piso, sus padres, dentro de una cobija, absortos mirando una pelicula que el dia anterior su madre comprò y que se morìa por ver. A la derecha, la habitaciòn de su hermana, la mayor, acompañada de la menor, jugando juegos de video, metidas en una realidad paralela y compañera de la suya. Catorce escalones mas, y llegò a su habitaciòn. El mismo desorden de siempre, el mismo caos organizado que lo habia acompañado hace dias ya, puesto que no se habia puesto a organizarlo a pesar de las quejas y regaños de sus padres.
Puesto el saco, catorce escalones mas hacia el segundo piso y catorce mas hasta el primero, se sentò de nuevo en la silla al frente del computador, el espaldar cediò un poco dejando ir un chirreo, igual que todas las veces. El trancòn en su cabeza seguìa igual, uno pensarìa que 56 escalones serìan suficientes para destrabarlo, pero no fue asi. Casi con desespero, prendiò un cigarrillo, abriò un poco la puerta del patio y miro hacia afuera. La lluvia se habia transformado en llovizna, la tierra en lodo y lo seco en mojado. No habiendo mucho por hacer, y no pudiendo hacer mucho, decidiò salir, dar una vuelta, despejar la mente supuso. Caminò una cuadra, hacia las tiendas de en frente de su conjunto de casas, todo cerrado. Caminò una cuadra mas, hacia la avenida 147 y el panorama no fue distinto. "Que mierda" pensò, dio media vuelta y empezò a caminar sin tener claro si volver, o seguir caminando hacia la 151. Pasò la porteria, pasò 3 casas mas y parò, a que? no supo, pero parò. Siguiò caminando, ya llegando a la 151 se diò cuenta que, a pesar de ser una llovizna, estaba empapado. Sin otro remedio, media vuelta y de vuelta su casa. Entro al conjunto, caminò una cuadra y entrò a su casa, se quitò el saco, los zapatos y las medias. Catorce escalones hasta el segundo piso y catorce mas hasta el tercero. Se puso un saco seco y pantuflas. Catorce escalones hasta el segundo piso y catorce mas hasta el primero. Nada habia cambiado, era como haber puesto pausa al salir de la casa y reproducir al entrar. Sus hermanas, en la habitaciòn de la mayor, sus padres en la suya viendo la misma pelicula que su madre habìa querido ver hace tiempo. Dias asi habìan pasado, pero no los habia vivido, en sus brazos todo era diferente. Las gotas, armoniosas, los pensamientos, simples y descomplicados, el dia, hermoso. Se sentò de nuevo al frente del computador, no sabiendo que mas hacer, no tuvo remedio mas que escribir, en su blog, lo hecho en el dia.
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